07.28.08
Hancock o cómo no reírse.
Pagas una entrada de cine con ánimo de ver algo ligero que te haga reír y esas cosas. Así que pides una centradita para Hancock en el pase de media tarde, tomas posesión de tu asiento y empieza la peli.
Sólo me reí en la escena de la cabeza y el culo, en la cárcel.
El resto no pasará a la historia del cine, precisamente.
