09.25.09

Malditos bastardos

Publicado en cine tagged , , , , a 10:13 am por jjoaquinpi

La última película dirigida por Quentin Tarantino. Otra obra que lleva la marca inconfundible de su autor: primeros planos de objetos y situaciones aparentemente irrelevantes en la escena, flashbacks y saltos en el tiempo –en plural, pues son varios los que salen en la película– y los cortes que dividen la misma como si de actos de una obra teatral se tratase, además de otros elementos sorprendentes. Para puristas: no se reflejan con todo detalle y fidelidad uniformes, construcciones o escenas, pero es que precisamente reside ahí, a mi entender, la grandeza de lo realizado: no se trata del fruto de la ignorancia, de la improvisación ni de la superficialidad, sino de obviar lo que es superfluo para que salga a relucir la perspectiva que se quiere ofrecer, para que podamos apreciar el auténtico camino que pretende tomar el argumento. Precisamente por ello, se incluyen escenas y diálogos, a veces muy breves, que sin duda invitan a la reflexión y replanteamiento de nuestros principios éticos más elementales, pero todos perfectamente ensamblados en el discurrir de la película, introducidos de rondón, por lo que no darán sensación de lentitud o aburrimiento.

Después de 1941, un comando especial estadounidense es llamado a una peligrosa misión: lanzarse en paracaídas tras las líneas alemanas para facilitar la labor de los ejércitos aliados hostigando y eliminando a soldados y oficiales nazis. El grupo, dirigido por Aldo (Brad Pitt), e integrado exclusivamente por judíos aplicarán, mientras las circunstancias se lo permitan, la máxima de “ojo por ojo” de una manera, digamos, un tanto pintoresca. No queda más que recomendarla vivamente; quien escribe estas líneas era un tanto indiferente a la obra de Tarantino y, después de ver esta película, deseo volver a ver todas las realizadas por este autor anteriormente. Sin duda, Malditos bastardos es la película de “ciencia-ficción” que más me ha agradado.

09.10.09

Blanco sobre Negro

Publicado en literatura tagged , , , , a 9:41 am por jjoaquinpi

Blanco es un color odiado por Rubén Gallego. Simboliza para él algo relajante pero también lo inmóvil, lo permanente, una situación de calma chicha adormecedora que lo mantiene domesticado. El negro, en cambio, representaría lo activo, para él es el auténtico color de la esperanza, de la energía, del espíritu de superación, del cambio. El título de la autobiografía de una parte de su vida resumiría en tres palabras la sensación general que el autor percibió durante su infancia y, sobre todo, su adolescencia en la URSS.

Con un estilo narrativo caracterizado por la aparente simpleza de los diálogos y la brevedad de las oraciones, Rubén Gallego muestra en los distintos capítulos momentos de su vida transcurridos en, al menos, dos de los orfanatos por los que llegó a pasar, como si de instantáneas se tratase. Cada uno de esos fogonazos de realidad constituyen una reflexión sobre los dos sistemas de organización política que se disputaron el dominio mundial durante la segunda mitad del siglo XX y una profunda reflexión existencial sobre la necesidad de seguir viviendo cuando, al hecho de estar paralizado de cintura para abajo, se suma la incomprensión y la doble moral en el trato de la sociedad que lo rodea: Gallego es mantenido con vida, se le proporciona alojamiento y comida, pero se le niega la posibilidad de ver la luz del sol y se le cierran las puertas a estudiar en la universidad o ejercer una profesión acorde a sus capacidades. El régimen soviético pareció no darse cuenta de que, a la fuga de cerebros del país por la huida de científicos e intelectuales, se le sumaba una destrucción de las mentes más brillantes no sólo por las purgas de la intelectualidad, sino, también, por la política respecto a los orfanatos y la no-integración de las personas con algún tipo de discapacidad.

Rubén Gallego nació en Moscú en 1968, durante la Primavera de Praga. Pasó su primer año de vida recluido en una clínica junto a su madre, Aurora Gallego. Al cabo de este tiempo fue enviado a una institución, donde iban a parar las hijas e hijos de la élite soviética que sufrían algún tipo de discapacidad física o intelectual, pues el abuelo de Rubén, Ignacio Gallego, era un importante dirigente del Comité Central del Partido Comunista de España exiliado en Francia. Ignacio acudió a la URSS creyendo encontrarse con un futuro mejor porque en Francia se consideraba un exiliado sin papeles. Su hija, Aurora, en cambio, siempre se sintió como una extranjera sin embajada en Moscú, lo que suponía una carencia de derechos a la que se añadía la acusación de haber dado a luz a hijos “no presentables”, según el régimen soviético, porque echaban por tierra el mito del hombre nuevo; un hermano de Rubén había muerto nada más nacer y el autor de este libro sufría de parálisis cerebral. Aprovechando el desconcierto originado por la Perestroika, escapó de un asilo para ancianos y enfermos terminales donde se le había confinado de por vida, reencontrándose con su madre en Praga, ciudad en la que inició una carrera como escritor que continuaría en Madrid, donde reside desde el año 2001.