10.26.09

Los hombres que no amaban a las mujeres

Publicado en literatura tagged , , , , , a 3:19 pm por jjoaquinpi

Creo que este título será de sobra conocido por toda aquella persona mínimamente aficionada a la lectura. Llamativo, enigmático y, quizá por ello atrayente, es el primero de la trilogía Millenium. Todos ellos fueron publicados tras la muerte de su autor, Stieg Larsson, y una cuarta novela duerme a día de hoy en su ordenador portátil.

El título de la saga viene dado por la revista Millenium, nombre ficticio de una publicación que, en la novela, se ocupa de destapar los escándalos y corruptelas de los banqueros, financieros y empresarios de toda Suecia, así como los mecanismos de financiación y procedimientos de grupos y partidos de extrema derecha. Las vidas de Erika Berger, la directora de la revista y Mikael Blomkvist, editor jefe, que además trabaja como un redactor más, se verán sacudidas repentinamente por la denuncia y condena por difamación contra Mikael tras la denuncia interpuesta por el oscuro financiero Wennerström.

Es entonces cuando Henrik Vanger contrata al periodista durante un año para que le ayude a esclarecer la desaparación de su hija Harriet, ocurrida hace nada menos que cuatro décadas. Es un intento a la desesperada de un anciano que no desea morir con la angustia de un enigma sin resolver. Aparte de una generosa paga, Henrik Vanger se ofrece para salvar Millenium, a punto de caer en la quiebra por la condena judicial. Sin embargo, Blomkvist y Berger no saben hasta qué punto la búsqueda de la verdad y el buceo en los entresijos de la familia Vanger va a condicionar en adelante sus vidas. Durante toda la investigación, Mikael Blomkvist contará con la inestimable ayuda de Lisbeth Salander, una joven de veinticinco años introvertida, de carácter arrollador, excluida socialmente pero que logra subsistir gracias a sus dotes como investigadora privada y a sus aparentemente ilimitados conocimientos de informática. Entre ellos crecerá un afecto y una complicidad totalmente inesperadas.

Pese a mi relativamente corto bagaje literario, puedo decir que la primera novela de Stieg Larsson es una obra sorprendente dentro del género de la novela negra. El libro se divide en cuatro partes a modo de actos con varios capítulos cada uno donde se detallan los días entre los que va transcurriendo la trama. Si la meticulosidad de la que ha de hacer gala un autor que nunca se ganó la vida como escritor profesional para levantar una estructura narrativa de este estilo es digna de elogio, no podemos dejar de señalar la ausencia de cualquier sensación lineal típica de la novela decimonónica y sí, por el contrario, un cambio asiduo de escenario a lo largo de cada capítulo, situándonos, eso sí, en no más de dos escenarios que discurren de forma paralela, de tal forma que podemos retener sin dificultad todos los detalles que configuran la trama.

Los diálogos, de gran frescura, fluidez y autenticidad nos permiten elaborar en nuestra mente un retrato psicológico inmejorable de los personajes. Leer la primera novela de Stieg Larsson es, a mi juicio, una ocasión inmejorable para volver a enarmorarse y ”engancharse” a la lectura pese a la incompatibilidad que tantas y tantos puedan ver entre un libro de estas características y un best-seller. No sólo éstas confluyen en Los hombres que no amaban a las mujeres, sino que, además, hilando fino, se puede constatar cómo el autor organiza la trama del libro sobre los cimientos de muchas de sus investigaciones periodísticas, mientras desliza una implacable crítica de los aspectos más oscuros de la sociedad sueca. De hecho, al inicio de cada parte, el autor ofrece datos sobre la violencia de género en su país que sorprenderán a más de una y de uno. Creo que ninguna otra obra de cine o literaria de la que haya disfrutado hasta la fecha ha tratado de unificar denuncia, compromiso y entretemiento como esta novela.

10.19.09

“Ágora”, o la denuncia del integrismo.

Publicado en Uncategorized a 9:18 am por chusgreciet

Quien, al ir a ver “Ágora”, pretendiera ver una crítica abierta a los dogmas que viene sustentando la Iglesia Católica desde sus inicios, no encontrará tal crítica abierta. Amenábar nos presenta una crítica patente, pero velada.

En ningún momento se ofrece más crítica del catolicismo que del judaísmo o del misticismo.

La película, por situarnos, nos narra la vida de Hypatia, una profesora de la escuela neoplatónica de Alejandría, regida por el misticismo, del que ella también se aparta. Hija de Teón (interpretado por Michael Lonsdale, a quien pudimos ver como el abad de “El nombre de la rosa”), director de la biblioteca (la famosa biblioteca de Alejandría), Hypatia se enfrenta al fundamentalismo que, en cuestiones de creación y astrofísica ha regido siempre al catolicismo (recordemos que Galileo no fue perdonado hasta hace unos años… en lugar de pedirle perdón a él).

Rachel Weisz interpreta a Hypatia en "Ágora".
Rachel Weisz interpreta a Hypatia en “Ágora”.

Podemos decir que su agnosticismo flirtea con la negación de Dios o, al menos, de la figura de un ser superior tal y como se concibe por las religiones al uso, misticismo, judaísmo o cristianismo. Pero el enfrentamiento de la película no es catolicismo sí o no, sino más bien fundamentalismo contra racionalismo. Dar una explicación científica al sistema planetario, al hecho de que el Sol esté unas veces más cerca que otras, a la gravedad, a la rotación de la Tierra, es la constante obsesión de Hypatia.

Una gran interpretación de Rachel Weisz, a la que se le notan las tablas interpretativas británicas, alejada ya de papeles ñoños como el de “Stalingrado”, una buena ambientación en la Alejandría del inicio de nuestra era, pero quizás Amenábar no supo aprovechar todo el desarrollo que ofrece una superproducción.

En la Antigüedad debió haber grandes avances en materia de astrofísica, de filosofía, de matemáticas, de geometría. La “moraleja” final nos lo apunta: De Hypatia apenas tenemos referencias, y hubo que esperar al siglo XVI para que Kepler enunciase lo que Hypatia intuía sobre el movimiento de la Tierra.

Probablemente, nuestro mundo estaría mucho más avanzado de no haber sido por la irracionalidad de la religión, del fanatismo y el dogmatismo.

10.11.09

R.A.F: Facción del Ejército Rojo

Publicado en Uncategorized tagged , , , , a 10:46 pm por jjoaquinpi

Película dirigida por Uli Edel, estrenada en Alemania con el título Der Baader Meinhof Complex. Se sitúa en la República Federal de Alemania a principios de los años setenta. La descendencia de quienes se habían criado en el nazismo perciben un carácter autoritario en el gobierno de su país, totalmente volcado en una política de apoyo incondicional y servil a Estados Unidos e Israel que cierra los ojos ante las masacres de civiles vietnamitas y palestinos. La extensión de la rebelión estudiantil de París en 1968 a Alemania, a ciudades como Berlín-Oeste o Frankfurt, transmiten a la juventud la idea de que un mundo mejor y un orden social más justo es posible si se toma la iniciativa inmediatamente para iniciar la liberación, primero de sus conciencias y luego las de sus compatriotas. Para conseguir esto, deciden empuñar las armas, produciéndose una escalada de violencia en la que la palabra, la acción política y el debate serán ahogados en sangre para llevar a cabo acciones cada vez más violentas.

La evolución de la política interior alemana se reproduce de forma fehaciente durante toda la película. Esta realidad es intercalada a menudo con hitos de la situación internacional posterior al ‘68 que se presentan en imágenes originales, con cortes muy rápidos a modo de flashes que parecen indicar que la agitación política de Alemania y el movimiento terrorista desarrollado al calor de la misma, tienen una envergadura planetaria, así como, en el futuro, sus repercusiones. Las circunstancias políticas de la RFA se presentan ante el espectador como una relación constante de causa-efecto entre sucesos cotidianos y acciones que llegaron a ser recogidas por los periódicos. El ejemplo más gráfico lo tenemos en el inicio de la película, cuando quienes se manifestaban contra la visita del sha de Persia a Alemania occidental, son atacados por la guardia personal de éste y jóvenes derechistas alemanes ante la impasibilidad de la policía. Cuando los manifestantes, jóvenes de ideología izquierdista, tratan de repeler la agresión como pueden, la policía carga indiscriminadamente, sólo contra los izquierdistas, hasta que el oficial Kurras, de paisano, dispara a un joven estudiante a sangre fría.

La caracterización psicológica de los personajes a través de los diálogos es también, desde luego, digna de mención. El lenguaje delata a los personajes y los cambios que en él se producen determinan la evolución de la personalidad de los mismos durante la película. Así, por ejemplo, no dejamos de ver un Andreas Baader -interpretado por Moritz Bleibtreu- violento, visceral, caprichoso, hijo de familia acomodada y consentido, que tiene un desprecio absoluto por la vida humana, tal como lo retratan los informes policiales federales y los de otros servicios de inteligencia de lo más dispares, como puedan ser la CIA o la Stasi.

Por su parte, Martina Gedeck da vida a Ulrike Meinhof, columnista de ideología izquierdista, cuyo utopismo le llevó a enrolarse con quien por entonces parecía tener las ideas más claras para acabar enredada en una espiral de violencia cada vez más descontrolada, que no detendrá hasta que ella se convierta en víctima. Un personaje paralelo a Meinhof será Horst Herold -Bruno Ganz- jefe de la policía federal alemana, empeñado en concienciar a los líderes políticos de que la lucha contra el terrorismo ha de ir más allá de lo policial, acabando con las condiciones objetivas que puedan fomentar su aparición, pero chocará con la incomprensión y la desconfianza de sus propios compañeros y subordinados. Para percibir esta riqueza en los diálogos quizá convenga ver previamente la película en versión original, independientemente de que más adelante se disfrute del doblaje al castellano.