10.26.09

Los hombres que no amaban a las mujeres

Publicado en literatura tagged , , , , , a 3:19 pm por jjoaquinpi

Creo que este título será de sobra conocido por toda aquella persona mínimamente aficionada a la lectura. Llamativo, enigmático y, quizá por ello atrayente, es el primero de la trilogía Millenium. Todos ellos fueron publicados tras la muerte de su autor, Stieg Larsson, y una cuarta novela duerme a día de hoy en su ordenador portátil.

El título de la saga viene dado por la revista Millenium, nombre ficticio de una publicación que, en la novela, se ocupa de destapar los escándalos y corruptelas de los banqueros, financieros y empresarios de toda Suecia, así como los mecanismos de financiación y procedimientos de grupos y partidos de extrema derecha. Las vidas de Erika Berger, la directora de la revista y Mikael Blomkvist, editor jefe, que además trabaja como un redactor más, se verán sacudidas repentinamente por la denuncia y condena por difamación contra Mikael tras la denuncia interpuesta por el oscuro financiero Wennerström.

Es entonces cuando Henrik Vanger contrata al periodista durante un año para que le ayude a esclarecer la desaparación de su hija Harriet, ocurrida hace nada menos que cuatro décadas. Es un intento a la desesperada de un anciano que no desea morir con la angustia de un enigma sin resolver. Aparte de una generosa paga, Henrik Vanger se ofrece para salvar Millenium, a punto de caer en la quiebra por la condena judicial. Sin embargo, Blomkvist y Berger no saben hasta qué punto la búsqueda de la verdad y el buceo en los entresijos de la familia Vanger va a condicionar en adelante sus vidas. Durante toda la investigación, Mikael Blomkvist contará con la inestimable ayuda de Lisbeth Salander, una joven de veinticinco años introvertida, de carácter arrollador, excluida socialmente pero que logra subsistir gracias a sus dotes como investigadora privada y a sus aparentemente ilimitados conocimientos de informática. Entre ellos crecerá un afecto y una complicidad totalmente inesperadas.

Pese a mi relativamente corto bagaje literario, puedo decir que la primera novela de Stieg Larsson es una obra sorprendente dentro del género de la novela negra. El libro se divide en cuatro partes a modo de actos con varios capítulos cada uno donde se detallan los días entre los que va transcurriendo la trama. Si la meticulosidad de la que ha de hacer gala un autor que nunca se ganó la vida como escritor profesional para levantar una estructura narrativa de este estilo es digna de elogio, no podemos dejar de señalar la ausencia de cualquier sensación lineal típica de la novela decimonónica y sí, por el contrario, un cambio asiduo de escenario a lo largo de cada capítulo, situándonos, eso sí, en no más de dos escenarios que discurren de forma paralela, de tal forma que podemos retener sin dificultad todos los detalles que configuran la trama.

Los diálogos, de gran frescura, fluidez y autenticidad nos permiten elaborar en nuestra mente un retrato psicológico inmejorable de los personajes. Leer la primera novela de Stieg Larsson es, a mi juicio, una ocasión inmejorable para volver a enarmorarse y ”engancharse” a la lectura pese a la incompatibilidad que tantas y tantos puedan ver entre un libro de estas características y un best-seller. No sólo éstas confluyen en Los hombres que no amaban a las mujeres, sino que, además, hilando fino, se puede constatar cómo el autor organiza la trama del libro sobre los cimientos de muchas de sus investigaciones periodísticas, mientras desliza una implacable crítica de los aspectos más oscuros de la sociedad sueca. De hecho, al inicio de cada parte, el autor ofrece datos sobre la violencia de género en su país que sorprenderán a más de una y de uno. Creo que ninguna otra obra de cine o literaria de la que haya disfrutado hasta la fecha ha tratado de unificar denuncia, compromiso y entretemiento como esta novela.

09.10.09

Blanco sobre Negro

Publicado en literatura tagged , , , , a 9:41 am por jjoaquinpi

Blanco es un color odiado por Rubén Gallego. Simboliza para él algo relajante pero también lo inmóvil, lo permanente, una situación de calma chicha adormecedora que lo mantiene domesticado. El negro, en cambio, representaría lo activo, para él es el auténtico color de la esperanza, de la energía, del espíritu de superación, del cambio. El título de la autobiografía de una parte de su vida resumiría en tres palabras la sensación general que el autor percibió durante su infancia y, sobre todo, su adolescencia en la URSS.

Con un estilo narrativo caracterizado por la aparente simpleza de los diálogos y la brevedad de las oraciones, Rubén Gallego muestra en los distintos capítulos momentos de su vida transcurridos en, al menos, dos de los orfanatos por los que llegó a pasar, como si de instantáneas se tratase. Cada uno de esos fogonazos de realidad constituyen una reflexión sobre los dos sistemas de organización política que se disputaron el dominio mundial durante la segunda mitad del siglo XX y una profunda reflexión existencial sobre la necesidad de seguir viviendo cuando, al hecho de estar paralizado de cintura para abajo, se suma la incomprensión y la doble moral en el trato de la sociedad que lo rodea: Gallego es mantenido con vida, se le proporciona alojamiento y comida, pero se le niega la posibilidad de ver la luz del sol y se le cierran las puertas a estudiar en la universidad o ejercer una profesión acorde a sus capacidades. El régimen soviético pareció no darse cuenta de que, a la fuga de cerebros del país por la huida de científicos e intelectuales, se le sumaba una destrucción de las mentes más brillantes no sólo por las purgas de la intelectualidad, sino, también, por la política respecto a los orfanatos y la no-integración de las personas con algún tipo de discapacidad.

Rubén Gallego nació en Moscú en 1968, durante la Primavera de Praga. Pasó su primer año de vida recluido en una clínica junto a su madre, Aurora Gallego. Al cabo de este tiempo fue enviado a una institución, donde iban a parar las hijas e hijos de la élite soviética que sufrían algún tipo de discapacidad física o intelectual, pues el abuelo de Rubén, Ignacio Gallego, era un importante dirigente del Comité Central del Partido Comunista de España exiliado en Francia. Ignacio acudió a la URSS creyendo encontrarse con un futuro mejor porque en Francia se consideraba un exiliado sin papeles. Su hija, Aurora, en cambio, siempre se sintió como una extranjera sin embajada en Moscú, lo que suponía una carencia de derechos a la que se añadía la acusación de haber dado a luz a hijos “no presentables”, según el régimen soviético, porque echaban por tierra el mito del hombre nuevo; un hermano de Rubén había muerto nada más nacer y el autor de este libro sufría de parálisis cerebral. Aprovechando el desconcierto originado por la Perestroika, escapó de un asilo para ancianos y enfermos terminales donde se le había confinado de por vida, reencontrándose con su madre en Praga, ciudad en la que inició una carrera como escritor que continuaría en Madrid, donde reside desde el año 2001.

08.14.09

El viaje del elefante

Publicado en literatura tagged , , , a 8:10 pm por jjoaquinpi

José Saramago rescata un hecho histórico puntual para confeccionar un relato que da como resultado la novela que lleva exactamente el mismo título que el de esta entrada y que vio la luz el año pasado. El libro narra las peripecias de la travesía del elefante Salomón, que en 1551 se ve obligado a cambiar de dueño cuando Juan III, Rey de Portugal, decide regalarlo a su primo el archiduque Maximiliano de Austria. La obra tiene como eje central la reflexión en torno a lo volátil y efímero del arte y del ceremonial cortesano. La vida de la Corte gira alrededor de la personalidad real como una enorme rueda en la que es preciso saber colocarse en la posición idónea para evitar ser aplastado por la misma, y, aún sabiendo moverse, la caída en desgracia por una minucia puede producirse en cualquier momento. El elefante Salomón y Subhro, su cuidador, experimentarán esto en sus propias carnes desde que salen de Lisboa y se detienen en Valladolid, momento en que el Archiduque obliga a elefante y cuidador a cambiar de nombre, pasando el primero a llamarse Solimán y el segundo Fritz, porque era más fácil de pronunciar a juicio de los germanoparlantes.

El viaje del elefante, dentro de la evidente contextualización histórica, contiene una crítica demoledora al capricho y arbitrariedad de ciertos poderes y autoridades que, como los reyes de Portugal y los herederos imperiales de Austria, condicionan la vida de su séquito y de miles de personas de una punta a otra de Europa a sus intereses particulares, usando, para beneficio propio, aquello que podría unir a pueblos distantes como es, en este caso, el elefante. Las críticas a la Iglesia católica por fomentar y consentir tradiciones que constituyen una superstición a todas luces por derivarse de ello pingües ganancias para la institución, se deslizan a lo largo del relato, haciendo acto de presencia el autor para comentar y dar su opinión hablando de sí mismo en tercera persona conforme nos acercamos al desenlace.

Saramago vuelve a mostrar en esta novela su peculiar estilo: nunca señala los diálogos con las normas ortográficas y de puntuación al uso, abunda la presencia de oraciones subordinadas que pueden llegar a ocupar cinco líneas, párrafos con una extensión de varias páginas, omisión de la mayúscula inicial en los topónimos, etcétera. Sin embargo, gracias a este estilo, las palabras, lejos de amontonarse y atropellarse en la cabeza de los lectores, obligan a leer a un ritmo relativamente rápido y a que los detalles de la narración sean retenidos en la mente como por inercia.

08.09.09

El juego del ángel

Publicado en literatura tagged , , , a 10:11 am por jjoaquinpi

 

La última novela de Carlos Ruiz Zafón, El juego del ángel, se ha convertido en otro éxito internacional desde que saliera a la luz el año pasado, continuando de esta forma la trayectoria que había iniciado desde la publicación de su novela La sombra del viento, que ha sido traducida a más de cuarenta lenguas. Este último libro constituye la segunda parte de la novela que publicara en 2001. No se trata de una segunda parte común, esto es, no se trata de una mera continuación, de ahí que El juego del ángel -como intuyo tras haberlo leído- no va a dejar a nadie indiferente.

Barcelona, década de los veinte del siglo pasado. Ciudad de contrastes, también desde el punto de vista social: palacetes de estilo modernista junto a pensiones de mala muerte en el Raval o asentamientos chabolistas cerca de la playa del Bogatell, donde se refugian quienes huyen, tienen algo que ocultar o, simplemente, se abandonan en estos lugares, viendo pasar una vida que se les escapa entre las manos. En este escenario se desarrolla la historia de David Martín, huérfano de madre desde recién nacido que trata de mantener y avivar su pasión por la literatura en un medio completamente hostil. Cuando parecía que la vida le había dado por completo la espalda tras la pérdida de su padre, un veterano de la guerra de Filipinas analfabeto y hundido en el alcoholismo, la mayor parte del tiempo en paro, Pedro Vidal, una suerte de eterno escritor en ciernes que compensa su falta de talento con la adulación y puertas que le abre la fortuna familiar, se convierte en una especie de mecenas para David, quien, con un esfuerzo titánico, se abre camino como redactor de un periódico local y, poco después, como novelista. Sin embargo, irá descubriendo cómo su nueva vida y las personas que trajeron algo de luz a ella terminarán, de un modo u otro, por hacerle pagar un precio muy alto e injusto.

En mi opinión, Ruiz Zafón incrementa las cualidades que ya plasmó en La sombra del viento: una agilidad en los diálogos pasmosa y un retrato sociológico y psicológico de los personajes a través de esos mismos diálogos de una gran fidelidad. La exhibición de tales habilidades narrativas se aprecian más en tanto que se observa la superposición de géneros novelescos que lleva a cabo el autor. Ruiz Zafón crea una historia en un contexto histórico determinado, reflejando la arquitectura y los paisajes diurnos y nocturnos que presumiblemente ofrecería Barcelona en el primer tercio del siglo XX. En ese armazón histórico, se construye una trama con episodios de asesinatos, ajustes de cuentas, delincuencia callejera y corrupción policial que nada tiene que envidiar al género de la novela negra al uso. Junto a todo esto, se entremezclan los elementos esotéricos y fantásticos que irán imponiendo su protagonismo conforme avance la obra, lo que, para mi gusto, es un elemento de distorsión más que un recurso para mantener la intriga.

07.22.09

El archivero de la Lubianka

Publicado en literatura tagged , , , a 10:02 am por jjoaquinpi

 

Así se titula la primera novela de Travis Holland, un escritor estadounidense que, después de doctorarse en literatura, había cultivado en exclusividad el relato, género con el que ha ganado varios concursos. Quizá sea relevante mencionar la nacionalidad del autor cuando se presenta una novela histórica tan minuciosamente ambientada en la URSS de 1939. Se huye de los viejos tópicos de presentar este país como un infierno habitado por demonios para describir los pequeños infiernos de la vida cotidiana de las personas corrientes. Holland imprime un ritmo rápido -excesivamente rápido para mi gusto- en algunos capítulos, lo que, por otra parte dota a su prosa de una concisión y una claridad evidentes, ralentizando el ritmo, parando la escena cuando se trata de describir los sentimientos de desasosiego casi constante y la falta de esperanza de tantos ciudadanos soviéticos por aquel entonces.

Pável Dubrov arrastra pesadas losas a sus treinta años. Su esposa murió en el descarrilamiento provocado de un ferrocarril. Casi inmediatamente después, pierde su plaza de profesor de literatura en la academia Kírov al verse arrastrado por las insistencias de un alumno suyo, empeñado en denunciar a un profesor que no era de su agrado. Para salvar su integridad y honor, se ve obligado a ingresar como archivero en la Lubianka, el cuartel-prisión de la NKVD, la temida y todopoderosa policía política diseñada por y a la medida de Stalin. Allí, se encarga de clasificar  y quemar los borradores de poemas y cuentos de diversos autores proscritos por el régimen. Como se pone en boca del protagonista durante la novela, haberse negado a realizar ese trabajo habría sido, sencillamente, un suicidio.

La vida de Pável transcurre gris y triste en un mundo de mediocridad, ineficacia, nepotismo y envidias: un amigo que no deja de preguntarse cuándo va a ser arrestado al atreverse a criticar ácidamente en sus escritos a una mujer bien posicionada en el Comisariado de Cultura, una burocracia que parece decidida a no entregarle las cenizas y pertenencias de su esposa fallecida, un ambiente de trabajo por completo hostil donde debe escoger con cuidado cada palabra que pronuncia y donde un suboficial inculto y embrutecido goza dándole órdenes con una completa descortesía, por no mencionar a una madre que comienza a perder la memoria de manera irremediable. Sin embargo, y aún con la amenaza de guerra que se cierne sobre su país por la agresión hitleriana a Polonia, no será hasta conocer a Bábel, el autor de Caballería Roja, que ha caído en desgracia de un día para otro, cuando se produzca la catarsis en su interior que le lleve a una lucha incesante por conservar un resquicio de humanidad en un ambiente del todo inhumano.

07.08.09

La caja de los deseos

Publicado en literatura tagged , , , a 10:35 am por Cartier

Así se titula el último libro de Günter Grass, que, después de aparecer en Alemania en 2007, ha sido traducido y editado este año al castellano. La caja de los deseos constituye la segunda parte de la autobiografía del escritor. Si en Pelando la cebolla abordaba su niñez, adolescencia y primera etapa de la vida adulta, en esta obra el novelista continúa donde lo dejó para llegar a la madurez introduciendo una novedad poco común, pues se trata de una autobiografía cuyo contenido ha sido elaborado, al menos en su mayor parte, por los testimonios de sus hijas e hijos. El autor optó por reunir a sus seis descendientes, todas y todos de matrimonios distintos, ante una mesa con micrófonos y grabadoras para que hablaran, sencillamente, de su padre.

Los testimonios son articulados a lo largo de la autobiografía por medio de Marie, la fotógrafa de la familia. Una mujer que acompañó a Grass a lo largo de toda una vida, fotografiando momentos familiares importantes, pero también cotidianos, a toda la familia en bloque y a cada uno de ellos. En el libro, la vieja cámara Agfa de Marie es mágica: se remonta al pasado y predice el futuro. Grass sólo tiene que decir “¡Mariechen, dispara!” para que ella cumpla su deseo y le dé otra perspectiva del estado de las cosas. Un cálido tributo a la que, sin duda, dedicó tantas horas a proporcionar al novelista alemán instantáneas de inspiración para sus obras. Y un reconocimiento de las hijas e hijos al padre que nunca dejaron de admirar por su coraje para desgranar una vida azarosa estando ya en su senectud, por atreverse a confesar lo inconfesable, por preocuparse por su educación en la medida que podía y sabía, por tener el coraje para decir y hacer lo que pensaba en cada momento, por alegrarles los días con historias fabulosas que inventaba con toda facilidad o por tratarlos a todos con el mismo afecto independientemente de con quién los hubiera tenido. Aunque sus vástagos tampoco han tenido empacho en recordarle sus largas ausencias haciendo campaña y redactando discursos para el Partido Socialdemócrata, al miedo por las amenazas y agresiones contra la casa familiar por parte de grupos de extrema derecha y de extrema izquierda por su actividad política, a lo abrumador de la fama del progenitor que los perseguía en la calle y en el colegio, a tantas promesas incumplidas de jugar con ellos “más tarde” cuando acabara lo que tuviera entre manos.

Puede que con este autor quien suscribe este comentario haya perdido todo resquicio de objetividad, pero no puedo evitar considerar que para elaborar un libro de estas características, que ha gozado de las mejores críticas en publicaciones como Der Spiegel o en el semanario Babelia de El País, se necesita la experiencia y el talento narrativo de Grass. En ningún momento da la sensación de escuchar conversaciones grabadas y en ocasiones no se sabe cuándo interviene el autor para aderezar el relato, pues Grass no duda en sacrificar comillas y demás purismos estilísticos en favor de una narración fluída, ágil, capaz de envolver y abstraer por completo al lector. No puedo dejar de recomendar esta autobiografía novelada donde, al igual que en tantas otras novelas de Günter Grass, la fantasía de valor simbólico se da la mano con el retrato de la Alemania posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Por Joaquín Pi

04.02.09

Para que yo me llame Ángel González

Publicado en literatura tagged , a 3:05 pm por Cartier

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento…

Ángel González

03.29.09

Literatura, adulterio y una visa platino

Publicado en literatura tagged , , , a 3:06 pm por Cartier

Así de sugerente es el título de este libro de la genial Carmen Posadas. En él, se recogen una serie de relatos breves que esta autora ha ido escribiendo desde su juventud hasta el momento actual.

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En dichos relatos, la escritora nos habla de la muerte, del amor, del odio o la rivalidad y de las relaciones humanas en sí desde una visión muy irónica y nada convencional, ya que como ella misma dice: “el mundo es demasiado serio para tomárselo en serio”.
Algunos de estos “cuentos” son un poco ingenuos (ya que los escribió casi en su adolescencia), otros son decididamente malvados, dos son filosóficos…pero sobre todo, todos ellos reservan al lector una pequeña sorpresa al final, un giro inesperado.
Al lector, los distintos personajes podrían resultar extrañamente familiares, pues representan todas las clases sociales: encontramos así ejecutivos en viaje de negocios, novias a punto de casarse, escritoras de gran éxito, niños viviendo en un internado… Aún así, todos ellos aparentan ser lo que no son, con una intención que no se adivina fácilmente, usando cada uno una máscara que sólo cae en el último momento, el anterior a la muerte. Porque como en la vida misma, las cosas no son siempre lo que parecen.

Por Alicia Martínez

03.25.09

Diálogo entre un vendedor de almanaques y un transeúnte

Publicado en literatura tagged , a 10:27 am por Cartier

VENDEDOR: ¡Almanaques, almanaques, almanaques nue­vos! ¡Calendarios nuevos! ¿Un almanaque, señor?

TRANSEÚNTE: ¿Son para el año nuevo?

VENDEDOR: Sí, señor.

TRANSEÚNTE: ¿Crees que tendremos un año nuevo feliz?

VENDEDOR: Sí, caballero, sí, por supuesto.

TRANSEÚNTE: ¿Como el año que acaba de pasar?

VENDEDOR: Más, más todavía.

TRANSEÚNTE: ¿Como el anterior?

VENDEDOR: Más todavía, caballero.

TRANSEÚNTE: ¿Como cuál, entonces? ¿No te gustaría que el año nuevo fuera como alguno de estos últimos años?

VENDEDOR: No, señor, eso no me gustaría.

TRANSEÚNTE: ¿Cuántos años nuevos pasaron desde que empezaste a vender almanaques?

VENDEDOR: Van a ser veinte años, caballero.

TRANSEÚNTE: ¿A cuál de esos veinte años te gustaría que se pareciera el año que viene?

VENDEDOR: ¿Cuál me gustaría a mí? No, no sabría decirle.

TRANSEÚNTE: ¿No recuerdas alguno en especial, que te haya parecido feliz?

VENDEDOR: La verdad no, caballero.

TRANSEÚNTE: Pero la vida es bella, ¿no es cierto?

VENDEDOR: Eso ya se sabe.

TRANSEÚNTE: ¿No volverías a vivir esos veinte años, e incluso todo el tiempo que pasó, desde que naciste?

VENDEDOR: ¡Ah, estimado señor, ojalá se pudiera!

TRANSEÚNTE: ¿Pero si tuvieras que volver a vivir la vida que ya viviste, exactamente igual, con todos sus placeres y dolores?

VENDEDOR: No, no, eso no quisiera.

TRANSEÚNTE: ¿Y qué otra vida quisieras volver a vi­vir? ¿La vida que tengo yo, o la del príncipe, o la de al­gún otro? ¿No crees que tanto yo como el príncipe o cualquier otro responderíamos igual que tú, con esas mismas palabras, que si tuviéramos que repetir lo ya vivido, no nos gustaría volver al pasado?

VENDEDOR: Bueno, sí, eso creo.

TRANSEÚNTE: Entonces, ¿no volverías atrás, si la con­dición es ésta y no otra?

VENDEDOR: No, señor, en serio, no volvería.

TRANSEÚNTE: ¿Qué vida quisieras, entonces?

VENDEDOR: La vida que Dios me diera, sin otras con­diciones.

TRANSEÚNTE: ¿Una vida librada al azar, sin saber nada de antemano, como no se sabe nada del año nuevo?

VENDEDOR: Sí, así es.

TRANSEÚNTE: Lo mismo quisiera yo si pudiera vivir de nuevo, y creo que todos. Esto indica que el azar, en lo que fue del año, trató mal a todo el mundo. Y se ve claramente que cada uno opina que el mal fue mucho mayor y mucho más grave que el bien que le tocó en suerte. Si la condición para recuperar la vida desde el comienzo incluyera todo lo malo y lo bueno, a nadie le gustaría volver a nacer. La vida bella no es la que se conoce, sino la que no se conoce. No es la vida pasa­da, sino la futura. Con el año nuevo, el azar nos tratará bien a los dos, y a todos, y comenzará la vida feliz. ¿No es cierto?

VENDEDOR: Espero que sí.

TRANSEÚNTE: Entonces, muéstrame el almanaque más bonito que tengas.

VENDEDOR: Tome, caballero. Son treinta centavos.

TRANSEÚNTE: Aquí los tienes.

VENDEDOR: Gracias, caballero, hasta pronto. ¡Alma­naques, almanaques! ¡Calendarios nuevos!

Giacomo Leopardi

03.02.09

The nest of lovers (Claudio Rodríguez)

Publicado en literatura tagged , a 12:02 pm por noeliass

THE NEST OF LOVERS

(Alfistron)

Y llegó la alegría
muy lejos del recuerdo cuando las gaviotas
con vuelo olvidadizo traspasado de alba
entre el viento y la lluvia y el granito y la arena,
la soledad de los acantilados
y los manzanos en pleno concierto
de prematura floración, la savia
del adiós de las olas ya sin mar
y el establo con nubes
y la taberna de los peregrinos,
vieja en madera de nogal negruzco
y de cobre con sol, y el contrabando,
la suerte y servidumbre, pan de ángeles,
quemadura de azúcar, de alcohol reseco y bello,
cuando subía la ladera me iban
acompañando y orientando hacia…

Y yo te veo porque yo te quiero.
No era la juventud, era el amor
cuando entonces viví sin darme cuenta
con tu manera de mirar al viento,
al fruto verdadero. Viste arañas
donde siempre hubo música
lejos de tantos sueños que iluminan
esa manera de mirar las puertas
con la sorpresa de su certidumbre,
pálida el alma donde nunca hubo
oscuridad sino agua
y danza.

Alza tu cara más porque no es una imagen
y no hay recuerdo ni remordimiento,
cicatriz en racimo, ni esperanza,
ni desnudo secreto, libre ya de tu carne,
lejos de la mentira solitaria,
sino inocencia nunca pasajera,
sino el silencio del enamorado,
el silencio que dura, está durando.

Y yo te veo porque yo te quiero.
Es el amor que no tiene sentido.
El polvo de la espuma de la alta marea
llega a la cima, al nido de esta casa,
a la armonía de la teja abierta
y entra en la acacia ya recién llovida
en las alas en himno de las gaviotas,
hasta en el pulso de la luz, en la alta
mano del viejo Terry en su taberna mientras,
toca con alegría y con pureza
el vaso aquel que es suyo. Y llega ahora
la niña Carol con su lucerío,
y la beso, y me limpia
cuando menos se espera.

Y yo te veo porque yo te quiero.
Es el amor que no tiene sentido.
Alza tu cara ahora a medio viento
con transparencia y sin destino en torno
a la promesa de la primavera,
los manzanos con júbilo en tu cuerpo
que es armonía y es felicidad,
con la tersura de la timidez
cuando se hace de noche y crece el cielo
y el mar se va y no vuelve
cuando ahora vivo la alegría nueva,
muy lejos del recuerdo, el dolor solo,
la verdad del amor que es tuyo y mío.

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