Mención especial
Por Juanma Sánchez
-Cuando llegaron, tenía tan solo nueve años. Nueve lindos años… -dijo el anciano con una sonrisa.
-¡Halaaa!-exclamó su nieta-¡Nueve años!.
-Sí, pequeña. Aunque te parezca mentira yo también he tenido nueve años… -dijo, ahora riendo, el abuelo.
-Jugaba en la arena con mis amigos esa mañana. Nos dedicábamos a construir pequeñas torres, y la más alta era la que ganaba. Pero de pronto, el juego fue interrumpido por un ensordecedor ruido, y asustados miramos todos hacia arriba.
-¿!Qué es eso¡?-dijimos todos al unísono-¿Qué es aquello que se acerca?-
-Parece una casa voladora… -contesté yo ilusamente.
-Poco a poco aquel gigantesco artefacto volador fue aproximándose cada vez más. Nosotros nos asustamos y salimos corriendo con nuestros padres, que nos ocultaron en un sótano. Desde la pequeña ventana que éste tenía, vimos como todos se acercaron cuando paró, y como descendía un extraño ser a través de una luz.-
-Venimos en son de paz-dijeron.-Queremos ser vuestros amigos… -
Je, je, je… -rió el anciano.-Nuestros amigos dijeron…
-Cuando quisimos darnos cuenta, habían invadido la mitad de nuestro planeta, matando a millones de los nuestros. Según ellos, debían civilizarnos, pero nosotros éramos felices con nuestra forma de vida. Se lo dijimos cientos de veces; no nos hagáis daño si no queréis arrepentiros. Pero por lo que después supimos, en todos los planetas habitados habían hecho lo mismo. Llegaban, conquistaban, esclavizaban… Y nunca nadie había conseguido pararles. Tuvimos que esperar treinta años hasta que por fin conseguimos vencerles.-
-¿Y por eso tuvimos que esclavizarles, abuelo?-
-Sí.-Contestó tajantemente el anciano.
-¡Pero ya pasó mucho tiempo de aquello!-prosiguió la pequeña- Los esclavos de ahora ya no son conquistadores.
-No, pequeña. Pero no dejarán nunca de ser humanos…