1er Premio

Chus Greciet

AHORA QUE DUERMES.

 

Ahora que duermes, no sabes que te contemplo, tranquila, de costado.

Y tu espalda descansa sobre el colchón del mediodía y se deja ver entre las sábanas medio caídas.

Ahora que duermes no sabes que me encanta el brillo de la piel en tu hombro, con la poca luz de la mañana que entra por la persiana. Anoche teníamos que haberla bajado del todo, pero las prisas…

Casi ni respiras.

Qué paz.

El pelo se te extiende por la almohada, desmadejado. Es un mar de oscuridad preciada sobre el hilo blanco de la tela. Y podría perderme en una borrachera de olores y texturas con sólo hundir la mano en un mechón. Ahora que duermes.

Ahora que duermes podría confesarte que el futuro me da miedo. La vida está llena de malas pasadas, o eso dicen. Pero la paz de tu mañana dormida me ayuda a afrontarlo todo con sosiego, en una mezcla de opio de la flor del optimismo y la semilla de la tranquilidad.

Ahora que aún no hay ruido, sé que ya es el mañana que pensábamos ayer, anoche. Porque huele a domingo en las sábanas.

Esbozas una media sonrisa… no sé si porque notas que estoy aquí o porque estás soñando algo bonito, de lo que te olvidarás antes del desayuno, como siempre te pasa cuando me anuncias uno de tus sueños para después no poder contarlo.

Desde la cocina miro la habitación, con el orgullo del amanecer contigo, del amanecer en ti, y la cafetera empieza a recordarme los olores del triunfo de la naturaleza sobre la contaminación del odio. Y procuro no meter ruido, ahora que duermes.

Y la ducha me recuerda la lluvia que resbalaba entre mis manos y tus mejillas, y la cuchilla se desliza por mi cara, cortando los malos momentos, que se van desagüe abajo, con la tristeza del otoño. Y la toalla y el agua caliente apenas llegan a imitar tu calor.

Ahora que duermes contemplo tus papeles encima de la mesa, tu trabajo y tu ilusión, repaso tus miedos. Sentado en el borde de la cama, deslizo mi mano por tu brazo, en la caricia de vivir con tus problemas, de ser parte de ellos y parte de la solución.

Y tu reloj sigue en la mesilla, impasible al paso del tiempo, pero sólo es hoy y eso ya me lo ha dicho el Sol golpeando de costado la encimera de este ático que, ahora que duermes, te diré que no me convencía mucho el día que me invitaste a verlo antes de alquilarlo pero, ahora que duermes, veo que era el sitio ideal para ti, tu trabajo y tu descanso.

Aún es pronto. Un buen momento para volver contigo a la cama, pasarte mi brazo por encima, recorrer tu muslo como quien viaja al Sur, a buscar el verano, el calor, el placer.

Y mi boca no puede resistirse a tu cuello, es una batalla perdida, así que la conformo con los suaves besos de la plenitud, ahora que duermes.

Y mi mano llega a tu cintura, que sube y baja, con la respiración de un barco que avanza con la mar en calma, ahora que duermes.

Tu pecho es la primavera austral, el hogar en la guerra, el techo en la lluvia, el hueco ideal.

Ahora que duermes, te giras, me abrazas como si siempre hubiera estado ahí y pones mi pecho por almohada, sonriendo como quien alcanza una meta y va a desayunar con mermelada de fresa.

Y la mañana mata los monstruos de la incertidumbre. Creo que a esto se le llama felicidad.

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