3er Premio

David Martín

Había pensado un comienzo elegante para el relato, algo lleno de palabras complicadas, excelente lenguaje, metáforas sugerentes y una presentación digna de un Best-Seller.

Pero creo que mejor que vaya directamente al grano, pues no tengo afán de lucro ni devorareis este pequeño escrito con ansia:

 

Estaba yo tranquilamente en casa, conectado al ordenador, fuente de evasión persistente ante mi desordenado mundo y un gran medio de comunicación, debido a mi recelo ante la telefonía móvil, cuando decidí, como de costumbre que era hora de empezar a disfrutar de buena música, mi música, la música que tanto quiero y que tantas horas de placer gratuitas me ha dado. Por lo general suelo comenzar con algo nuevo, evito las canciones que tengo demasiado quemadas (Parecerá une tontería pero siempre he tenido la idea de que si hago algo mucho acabare odiándolo, casi siempre he acertado) asi que tiro por otros solistas/grupos que no he explotado al máximo, grupos como los Dead Kennedys, (De los primeritos Punk de la historia, casi de la quinta de Iggy y los Stooges) Miles Davis, algo de Elvis, una pizca de rap del este de Bigg Daddy Kane, el suave reggae de Steven Marley, los viejos perros irlandeses The Dubliners, y también música clásica, normalmente Mozart, el grandioso Ludwig Van Beethoven, Peter Tchaikowsky, y algo de Rossini y Salieri si me veo con más ganas.

 

Pero ese día no, decidí tirar a lo sencillo, directo, exactamente igual que este relato que ahora mismo estáis leyendo, decidí empezar por mi canción favorita, nada más resolver la duda me asalto otra, ¿MP3 o algún directo en YouTube?, obviamente al final elegí YouTube, no hay nada mejor que experimentar un directo que ocurrió hace años, donde tu no estabas y además era exclusivo para artistazos de la talla de Lennon o los mismísimos Who.

 

Cargo un poco el video para que no me interrumpan en medio de la experiencia musical y me dispongo a beberme posiblemente la mejor canción del mejor grupo de la historia:

 

Comienza la actuación, veo a algunos de los invitados a esa ceremonia, que fue en algún lugar importante allá por 1968, el cantante principal, al que llamare “Morritos” esta listo y preparado para la acción y no pasa mucho hasta que vemos a John Lennon y a Yoko Ono aplaudiendo, Lennon se percata de que la cámara le está grabando y le lanza un tímido guiño bajo sus gafas y un solo aplauso.

Y empieza el sonido, bongos, baqueta ligera contra tambor y un toque moderado de maracas, “Morritos” se da la vuelta y mira a la cámara lanzando un pequeño aullido. Un rápido y posterior primer plano a todos los miembros de la banda: “Sereno”, “Rubiales” y el guitarrista “Calavera” muy joven y distinto por entonces, además del hombre con aspecto de chamán negro al mando de los bongos.

 

“Aaaauh…” – Morritos empieza a menearse y sonreír, vestido en un ajustado conjunto de camisa y vaqueros ceñidos de color granate a juego con una pulsera de pinchos.

El ritmo parece una especie de ceremonia Voodoo, o un sacrificio en medio del Vietnam, es seductora y a la vez tiene algo de alarma, como si lo que vas a escuchar fuera a la vez importante y peligroso, como una enorme verdad escondida durante siglos, cautivadora, la gente no tarda en empezar a moverse al ritmo, y las caras sonrientes dejan entrever que conocen la canción al dedillo.

 

Habiendo lubricado convenientemente la zona a penetrar, “Morritos” decide empezar la magia, empieza casi suavemente:

“Por favor, déjenme que antes de todo me presente…soy un hombre de riqueza y gusto…”

Con un fabuloso primer plano mirándole directamente a los ojos “Morritos” hace una pequeña reverencia con la cabeza:

“Estoy por aquí desde hace muchos, muchos años, robando a los hombres almas y fe…estaba cuando Jesucristo tuvo su momento de duda y dolor…y me asegure de que Pilates se lavara las manos y sellara su destino”

Los ardientes focos empiezan a elevar la temperatura, la gente simplemente no puede dejar de moverse con la música, disfrutando del trance hipnótico de esta peculiar presentación, los primeros sudores florecen, dando aún un aire más místico y visceral a la canción:

“Encantado de conoceros…creo que ya sabéis mi nombre…pero lo os confunde es la naturaleza de mi juego…”

Poco a poco “Calavera” empieza a subir el ritmo y el volumen del bajo, con lo que la canción se recrudece y prospera la atracción fatal de su encanto tribal, pagano y desconcertante:

“Me deje caer por San Petersburgo, cuando vi que era hora de un cambio…mate al Zcar y a sus Ministros…más Anastasia grito en vano…conduje un tanque y me ascendí a General cuando la Blitzkrieg rugía y los cuerpos apestaban..”

De elegante y caballeroso el tono de “Morritos” empieza a hacerse tremendamente violento, tanto las expresiones de su cara como sus movimientos parecen los de un bufón jactándose de algún crimen oscuro, danzando porque no han podido castigarle, la melodía empieza a hacerse más oscura y burlona, descubriéndonos los horrores de esta peculiar sinfonía:

“Encantado de conocerte..creo que ya sabéis mi nombre…oooh si!…pero lo que os está confundiendo es la naturaleza de mi juego..” 

Terrible, delicioso, “Morritos” empieza a moverse, bailando más rápido y por todo el escenario, mientras un suntuoso coro de voces femeninas, de tono claro y sutil como calientes concubinas ante su amo hace su aparición y el tono general sube un peldaño, de lo tranquilo a lo nervioso:

“Oooh-Uuuh…”

“Observe con regocijo como vuestros Reyes y Reinas lucharon durante diez décadas, por los dioses que crearon…yo grite: ¿Quién mato a los Kennedy?…cuando al final..realmente fuimos tú y yo…”

“Oooh-Uuuh…”

En este momento la canción se aleja mucho del comienzo, hay tintes de blues y gospel, la voz ha abandonado su caballerosidad y se acerca al reproche de un maestro enfadado ante un mal alumno que no le hace caso, cautivador, es peligrosa, igual que una mujer de ajustado escote y mirada picarona que te va a dar la vida y luego te la quitará.

“Oooh-Uuuh…” – Asimismo el tono femenino también se alza, más fuerte y sugerente.

“Permitidme que me presente otra vez!..Soy un hombre de riqueza y gusto..y coloqué trampas a los trovadores..que intentaban llegar a Bombay”

“Morritos” comienza a bailar como un poseso, agitando todo su rojo cuerpecillo de un lado a otro, su negra melena y sus ojos azules están fuera de control, parecen que vayan a salirse de su cuerpo, parece que vayan a descubrir un infierno.

“Ooooh-Uuuuh!!”

“Encantado de conoceros!…espero que adivinéis mi nombre..Ohh si!…lo que te confunde es la naturaleza de mi juego!!…Ohh si…dale nene!!”

“Calavera” empieza el enorme solo, agitado, poderoso, perfectamente sincronizado con el baile de “Morritos”, mientras mueve su cabeza al son de la música, todos los asistentes a la fiesta están bailando sin control.

“Ooooh-Uuuuh!!”

“Oooh Si..”

La naturaleza del juego, la confusa situación de verdad y a la vez mentira es como dulce opio en el cerebro, relaja e intensifica tus sentidos, ni siquiera Lennon puede evitar danzar como un loco, bellas marionetas, rostros felices, satisfechos..ante la canción del gran titiritero.

“Ooooh-Uuuuh!!”

“Encantado de conoceros!!…Creo que ya sabéis quién soy!..Ohh si!!..Te estoy confundiendo!!..es la naturaleza..Ohh si…de mi juego…”

“Ooooh-Uuuuh!!…”

“Igual que cada policía es un criminal!!..y todos los pecadores son santos!! ..da igual cara o cruz..simplemente llámame..Lucifer!..porque necesito algo de freno..Asi que cuando me veas…ten cortesía!…ten simpatía!!…y sobretodo ten gusto!…utiliza todos tus mejores modales…o haré arder tu alma!…Oooh Sii!!..”

“OOOOH-UUUUH!!…” – El tono de las coristas ya es maniaco, como la risa de un desierto en el que has entrado.

Ya revelado al fin lo que había tras la mascara y el esmoquin, revelado el fuego interno y la dentadura blanca sonriente de nuestro amado “Morritos” la gente empieza a sentir la autentica simpatía, como obedeciendo los dictados del Ángel Caído.

“Ooooh-Uuuuh!”

“Vamos!! Una vez más…!”

Entra el segundo solo de “Calavera”, más fuerte y rápido que el anterior, todo esta armonizado, todo es perfecto, tanta belleza casi da miedo, “Morritos” se coloca en el suelo, en posición de plegaria mientras se quita la camisa y da golpes en el escenario, el publico se acerca y extiende las manos, todas alzadas, buscando el contacto, mientras el solo sigue y parece que la canción va a acabar, pero ni mucho menos, aún falta el fuego final, la traca última, el estallido de rabia del Diablo, omnipresente al igual que dios, su mejor pupilo y su mayor rival.

“Oooh-Uuuh..”

“Dime, nena, ¿cual es mi nombre? ..¿cuál es mi nombre??…”

“Morritos” enfoca directamente a la cámara, desnudo de torso para arriba, con expresión malvada y alzando el dedo contra el publico y el espectador.

“Oooh-Uuuh”

“Venga dímelo!! Cual es mi nombre!!, si te lo repito!! serás condenada!!…Ooooh-Uuuuh!!…Ooooh! Si!!Exactamente!! Grítalo cariño!! Cual es mi nombre!! Jaja!! Oooh-Uuuuh!!…”

Un pequeño redoble final y un apurado solo de “Calavera”, seguido por “Morritos”, en el suelo, como si estuviera poseído, todos están motivados ante el tremendo espectáculo que se les ha ofrecido, ante las calientes líneas que ahora han oído, se les ha conseguido vender algunos de los peores horrores de la humanidad como si fueran un manjar exquisito, y se los han comido, vaya que si, los han degustado al completo, se han lamido los dedos y han pedido más. No hay trucos, es de ejecución simple y son solo 6 minutos

6 minutos de Mick Jagger y Keith Richards

6 minutos de Ron Wood y Charlie Watts

6 minutos de Rolling Stones y Sympathy For The Devil.

 

 

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